viernes, 28 de mayo de 2010
Mosquitos,una banqueta y muchas ganas de joder
Ya hacía más de un año que estaba viviendo solo con mi perro en un departamento donde antes vivía toda mi familia. Era un lugar un poco sucio y apestoso pero estaba bien, los vecinos no eran de esos hijos de puta que quieren ser amigables sino que simplemente andaban por ahí como moscas entrando y saliendo de sus departamentos pretendiendo que todo estaba bien, ya saben “disfrutaban su vida” y mientras yo era el culero amargado que no le hablaba a nadie y que solo le daba los buenos días a dos señoras que me trataban bien (o sea que no me veían feo).
Bien, comencé a escribir mi relato que trataba de un par de drogadictos que solían salir por las noches a recolectar latas de refresco y cerveza para coleccionarlas, drogadictos…me faltaba algo mas, algo que los hiciera más interesantes, hoy en día los drogadictos son tan comunes que puedes estar bebiendo con uno mientras está bien colocado. Está bien, tengo mis drogadictos y debo hacerlos interesantes. Comencé a escribir:
─Mierda, son las 7:40 Roch, tenemos que largarnos a buscar lo de siempre, sabes que necesitamos esas putas latas. ─Dijo agitado Vazz. ─
Roch era un tipo más o menos alto con ojos saltones y labios demasiado irregulares como para ser humano, tenía un peinado que lo hacía lucir soberbiamente idiota y a la vez muy común, le gustaba escuchar música electrónica y solía fumar marihuana solo porque creía que era cool y le daba una nueva dimensión a la vida y a su podrida música. En resumidas palabras era un pendejo rebeldioso.
─Bien, espera, no tardo, debo retocarme. Sabes que no me gusta salir sin estar bien arreglado─Dijo Roch con ansias mientras escupía saliva combinada con pasta dental y pequeños hilillos de sangre al piso. Vazz lo miro asqueado sabiendo que Roch era un mierda despreciable, pero él seguía ahí por alguna extraña razón.
Un rato después salieron como siempre con sus costales vacios esperando regresar con un buen cargamento de ese buen aluminio brillante. Tal vez encontraran algo de dinero y colillas de cigarro.
Vivian en una vieja casa que les rentaba una viuda cuyo esposo había sido un restaurantero muy famoso hasta que lo asesinaron por no querer vender droga en sus locales.
─Doña Berenice─le decían─ denos dos semanas más para pagarle la renta, usted sabe que no podemos encontrar trabajo porque la situación del país es difícil. Por favor, sabe que somos buenos inquilinos.
Ellos sabían que era mentira.
─Bien bien, pero si en dos semanas no pagan la renta tendré que pedirles que desocupen. Hay otro par de buenos muchachos que están interesados en rentar y no dudare en aceptar el trato que me ofrecen, así que ya saben.
Para este momento se me habían terminado los cigarros y me había dado hambre. Era peligroso largarme a satisfacer la panza mientras estaba teniendo muchas ideas para los drogadictos, así que decidí ir a comer. Al regresar toda la puta inspiración se había ido muy a la mierda y me quede en blanco.
Comencé a beber de nuevo para recargar la inspiración y terminar este asunto que me tenia loco desde hacia bastantes noches. Pronto se me ocurrió una idea. Decidí cambiar mi historia de los drogadictos por una de una niña que vivía sola debajo de un puente y que fantaseaba con calles de colores con pasto verde y pequeños insectos fluorescentes que eran amigos de ella. Si si, lo tenía. Todo parecía ir en buena dirección. Conocía a la perfección mi forma de escribir, era muy irregular y yo lo sabía condenadamente, era una buena forma de escribir.
jueves, 27 de mayo de 2010
Grito de Guerra
Tiembla la tierra, las grietas se abren
Ahí viene, puedo escucharlo
el chillido del viento
Alentando,
empujando
¡Grito de guerra!
Y aun con el viento; las hojas inmóviles
Perdidas
venas encogidas
y en sus ramas las heridas
de corazones marchitos.
Rebeca.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Manifestaciones
Inevitable como los golpes perpendiculares del sol por la mañana.
Se despierta el cuerpo policiaco, dispuesto e impuesto,
El movimiento no cesa, se aproxima
se aproximan las masas, el golpe
sin miedo ambos planetas se acercan, provienen del mismo barro.
Entorpecidos, enajenados, inhumanos, los golpes suenan
trenzas sueltan las piedras inconformes, con el odio
de los golpes recibidos por monstruos transformados.
enfrente, el plástico
imbatibles, superiores.
desigualdad en el combate, las hormigas se dispersan.
lunes, 8 de marzo de 2010
Calendario chino. Primera danza.
Nos vimos por primera vez en la calle. Entre sorpresas y humedad, un largo camino mojado hacia su casa, delicia del destino. Miradas sedientas, un coqueteo incesante nos llevo a leernos la mente, frases encajadas en montañas solitarias. Un imagen de dos cuerpos sedientos nublo mi cabeza (un rayo de luna por la ventana, una estrella fugaz: un parpadeo) advertí que mi boca estaba acostumbrada a otra, labios diferentes, otra respiración, diferente presión sin duda una muy diferente a la que estaba enfrente de mí. En un ir y venir de emociones la tenia de frente, estaba sumergido en sus ojos, enredado en las lianas de su cabello. Inteligente no me dejo escapar, mi cobardía me pudo haber llevado a saltar por la borda, desertar de tan interesante noche, piernas revueltas.
Más poderosa fue la fuerza de ese cuerpo y esas miradas, algo que escondía tras esas ventanas oscuras y brillantes, me sentí preso de sus besos, me pare con ella a mi lado y nos fuimos caminando sin dejar de besarnos, la fuerza de mis brazos me hizo cargarla, sus piernas cruzadas en mi espalda, una sensación que subía por la columna y repuntaba en espasmos por todo mi cuello , deliciosa serpiente ondulada (un parpadeo). Conforme avanzábamos más nos uníamos, mi pecho en su pecho, me inundaba su aroma, emborrachado de ella abrí la puerta de su cuarto.
Entramos paso a paso hacia su cama me detuve varias veces, contemplarla en la oscuridad, una diferencia grande, invalido de mis ojos, mis manos fueron descubriendo su belleza, mi boca seca se refrescaba en sus labios, era desquiciante.
Cerramos la puerta como pudimos, tal vez con la ayuda de su mente o una patada absurda mía. Comenzó una danza, un tipo de cacería donde reconocer al cazador era tarea difícil, la presencia de la presa era aun más complicado, el tigre. Un dragón rondaba por la nube que sujetaba a ambos.
Entre densas imágenes oscuras, un choque de cuerpos, su cabeza contra mi cabeza, el movimiento más torpe que tuve esa noche. No estábamos para pláticas y paso rápido. Fui hacia ella, con movimientos sigilosos, me replegué a su cuerpo, en ese planeta que tiene como cama. Tenía que ser un sueño, la observe con mis manos y ella hacía lo mismo con las suyas. Cada quien se hundió en sus pensamientos.
La diosa negra nos protegía, me acerque aun más a ella, controlando mis deseos de devorarla entre mordidas, el tigre y el dragón como un cuento chino del otro lado del hemisferio. De un rasguño lastimo mis ojos, te los regalo le dije, me contesto con un silencio sorprendente, ¿Qué es eso? Pensé, una voz en mi cabeza me contesto ¿Qué es qué?, de respuesta otro silencio.
Con suavidad dimos vuelta, uno encima de otro, nos concentramos en besarnos, comernos, el dragón encima del tigre y el tigre encima del dragón, nos pertenecíamos. La bese por el cuello, el desprendimiento de quejidos se hizo presente, cada quien se fue a sus extremos, tal vez su mente estaba en nubes de colores, cielos quemándose en algún valle, por mi parte estaba agradecido de que su boca se volviese a encontrar con mi boca. Mis manos insaciables de acariciar y reconocer ese cuerpo tan extraño que no era al que yo estaba acostumbrado.
Algo hacia efervescencia entre mi pecho, mi estomago y bajaba hacia mi entrepierna, la danza continuaba, rasguños. Nuestros cuerpos herméticamente unidos se movían suavecito, olas perezosas y continuas, la marea subía y bajaba, nuestras caderas hacían movimientos simulando un océano donde las olas crecían hasta llegar a los diez alientos y bajaban cerca de los dos suspiros.
Nos besábamos con vigor, a veces hasta con fuerza, como cuando el tigre hambriento después de días sin comer o como el dragón sediento, una sensación inexplicable.
No logre resistir mas y esa llama incesante dio un ultimo estirón, como si alguien agregara de golpe tanto oxigeno al fuego que creara una montaña roja, una montaña que crecía dentro de mí en un instante donde todo se congelaba, un calor sofocante, en cada parte de mi cuerpo se deslizaba una sensación que la oscuridad apretaba, me apretaba más hacia ella.
Abrí los ojos de nuevo pensé que había desaparecido, desperté de un corto o largo sueño, quien sabe cuánto tiempo, entre sudor y gritos mudos, me recosté a su lado, con el calor de su cuerpo aun abrazándome.
sábado, 30 de enero de 2010
Revés de los años
Lo que sigue
Los números cada vez más ineptos para las cuentas,
Una ola de ineptitud nos golpea la cara,
Trofeos dorados adornan mi mesa,
Cabezas africanas alumbran la historia.
El ventilador da vueltas y no estás en mi cama.
El verde a lo lejos, inalcanzable.
El infinito parece acercarse.
Proyectos, alternativas, progreso, urbanización,
Muerte, muerte ya no te alejes,
Nosotros te buscamos.
viernes, 29 de enero de 2010
Un día de trabajo Parte 2
......... no todo estaba en orden.
—Oye ¿Qué pasa?, no tienes el uniforme. ¿Qué no te dijeron que era obligatorio? .El uniforme es parte importante de la imagen que los empleados dan a la empresa.
Jonás sintió, que como siempre, la mala suerte venia a patearle la cara.
—Disculpe, pero no he conseguido el pantalón y la camisa. Pero puedo conseguirlo para la próxima semana, total que es un trabajo de fin de semana. Además esperaba que fueran compresivos de mi situación. —Dijo Jonás con aire despreocupado
—Hhmmm —gruño verruga sangrante e hizo un gesto de filosofar mientras disimuladamente se rasco el culo con la orilla del escritorio.
La mujer se recargo en su escritorio y lanzo a Jonás una mirada de desdén que lo hizo sentirse una mierda de perro en el zapato de un ejecutivo.
—No te puedo dejar pasar si no tienes el uniforme puesto, es parte de la ¡POLITICA DE LA EMPRESA!
Jonás, con su poca paciencia e irritado por la actitud de aquella mujer prepotente cancerosa de la cara , esbozó su sonrisa mas cínica en el rostro y miro directamente a los ojos a la mujer, tal vez solo quiso disimular para ver más detenidamente la verruga y examinar como había llegado ahí.
—Pues…. —Jonás vacilo un poco—me parece una política muy estúpida. No creo que yo me vea tan mal vestido. Esta es mi mejor ropa. ¡Maldita Sea!
Después que Jonás escupió su maldición algo dentro de la ejecutiva gerente exitosa cara de verruga se tambaleo. Tal vez era que estaba acostumbrada a no recibir replicas de sus empleados, o en el libro de procedimientos no había un protocolo para tratar con mierdas como Jonás.
—Mira, no te pedí que cuestionaras la política de mi empresa. —Replico con la voz quebrada la verruga—. Ahora la jefa de la tribu estaba en problemas. Tenía que salir de esa por su propia cuenta y demostrar que era fuerte, o si no sería comida viva por caníbales, el plan maestro de la malvada empresa fallaba, alguien cuestionaba la política.
—Bien. ¿Sabe qué?, usted, los dueños de la empresa, y la mujer gorila…—Jonás midió sus palabras y solamente articulo la encantadora:
—¡¡QUE LES DEN POR EL CULO!! Hijos de puta.
Verruga gigante sabía que estaba vencida y humillada, todo en su propio campo de batalla. Era lo peor que pudo haber pasado; un fracasado aspirante a empleado general los había mandado a que les dieran por el culo. La mujer se quedo sin palabras por un momento e inexplicablemente tenía ganas de llorar, sin embargo se contuvo y con aire de autosuficiencia propia de un líder dijo a Jonás.
—Bien, si gustas mañana puedes venir a trabajar. Pero eso sí, CON EL UNIFORME. Además hare de cuenta que no escuche eso ultimo, ¿eh? —Verruga dijo esto también con aire de perdonavidas.
—Está bien, estaré puntual con el uniforme. Es más, llegare una hora más temprano y me iré una hora más tarde sin paga solo para satisfacer su política. ¿Está bien? —Dijo Jonás sarcásticamente. En ese momento Jonás quiso tirarse un pedo solo por joder pero no pudo. Decidió que era hora de marcharse al mundo de los desempleados.
Al salir de ese lugar gris y húmedo; después de unos pasos, Jonás se sintió libre. Y allá iba el hombre de un centavo caminando con zapatos dos números menor que los que debían ser, un pantalón raido y una camisa empapada en sudor que apestaba a sobaco. El cielo era azul, un azul muy templado, hermoso. Había una brisa fresca y el olor de los árboles del parque Kabah se había mezclado con el aire de la mañana haciendo buena atmosfera. Jonás pertenecía a la naturaleza, y eso lo hacía feliz. De lejos parecía triste y solitario. Un nómada, debió pensar aquella anciana a la que le compro el periódico mientras caminaba hacia su casa. Jonás iba con el periódico de empleos debajo del brazo y no había ninguno para él. Decidió seguir caminando y al rato llego a su casa.
Al llegar descubrió una miada de perro en el centro de su sala. Todos en casa habían tenido un mal día. Jonás sintió hambre y comenzó a preparar el desayuno. Huevos con jamón. Solo faltaba el café pero no había dinero para comprar; a veces la libertad era una taza de café, y, la libertad costaba mucho. Después de desayunar Jonás comenzó a desvestirse hasta quedar completamente desnudo. Su barriga estaba comenzando a crecer. También noto que su cuerpo empezaba a envejecer y a ponerse flácido. No había marcha atrás. Necesitaba una cerveza. Abrió la lata y la dejo al lado de la computadora. Fue al baño y se lavo la cara. Luego se seco y regreso a su cuarto, tomo la lata y bebió un largo trago refrescante. Delicioso. Jonás prendió la computadora y dio otro trago mientras se rascaba un huevo y luego comenzó a escribir: “Una vez había un tipo sentado solo en su departamento....”
La chinga no para...
Yasser....
miércoles, 27 de enero de 2010
Un dia de trabajo Parte 1
Una vez había un tipo sentado solo en su departamento intentando escribir un relato de amor, pero ese tipo tenia tantos problemas que termino escribiendo alguna locura, mientras escribía su mala prosa recibió una llamada:
— ¿Jonás?, ¿Eres tú?
—Sí.
—Papa esta bebiendo de nuevo. ¡El hijo de puta no ha cambiado!
—Sí, lo sé.
—Llámale y dile algo.
—Que podría decirle. ¿Que estamos todos jodidos y que pretendo calmarlo?
Colgó.
Era su hermana. Cuando la familia estaba bajo un mismo techo ellos eran como desconocidos. Al fin y al cabo todos somos desconocidos, incluso para nosotros mismos.
Jonás llevaba una vieja camisa azul que le quedaba pequeña y le apretaba de las axilas. Era todo muy absurdo y odioso pensó Jonás. Le disgustaba la televisión como también odiaba las estaciones de radio. A ratos odiaba su propia existencia y otras la adoraba. Odiaba su estomago y su vomito y su sangre. Todo era maldito, vil y una gran mentira.
Las cosas no parecían marchar bien y tampoco parecía que tuvieran la intención de mejorar. Esa misma mañana Jonás había ido a ver un trabajo al centro de la ciudad. Mientras iba en el autobús lleno de gente se sintió extraño, como si no fuera humano y las personas que iban con él en el autobús quisieran devorarle vivo como serpientes. Unos bajaban y otros subían, llegaban o se iban, se podían sentar o como la mayoría, iban parados en ese autobús en movimiento ansiosos para llegar a sus trabajos y tener una dosis más de rutina laboral, después volver a sus casas con el espíritu mas quebrantado que ayer para besar a sus esposas que no conocen, y mientras comen la cena fría con semblante triste preguntarse <<¿Y si tal vez esto hubiera cambiado?>> El trabajo era una libertad y una prisión a la vez, nada estaba bien en este lugar, o tal vez la humanidad estaba mal.
Al llegar a la cita entro por la puerta de empleados. Todos estos empleados deben sentirse de lo más miserable—pensó Jonás—. Los trabajadores entraban y salían y lo hacían de tal forma que parecía que disfrutaban estar ahí, era como si ahí dentro hubiera una fuerza de gravedad que atraía a los perdedores, y Jonás estaba siendo atraído. Al entrar pregunto por la persona encargada de recursos humanos. Una vieja mujer vestida de seguridad parecida a un pequeño gorila que aparentaba estar enojada con todos le respondió que debía de esperar en el comedor de empleados. Al poco rato Jonás se harto de esperar y decidió ir a preguntar a la mujer gorila si ya había llegado la persona de recursos humanos.
—Disculpe. ¿Ya llego esa persona? Tengo bastante rato esperando.
La mujer gorila frunció el ceño y movió la cabeza a la izquierda con un movimiento corto y rápido de gorila. Señalo hacia el baño que estaba detrás de su puesto, su barraca debía pensar la mujer simiesca.
—Ya llego la señorita que le va a atender, haga el favor de regresar a esperar al comedor.
De pronto Jonás pensó que la mujer gorila estaba enfadada siempre porque su lugar estaba justo enfrente de los baños. No debe ser muy agradable oler la mierda de doscientos empleados diariamente mientras ves tu vida pasar y desperdiciarse con todos tus sueños. Todo era deprimente y todos ahí estaban condenados. Unos más que otros, tal vez.
Jonás espero otro rato y espontáneamente empezó a pensar en Dostoievski. El quería leer “Los Hermanos Karamazov” pero no tenía dinero para comprarlo; y así siguió divagando hasta que una mujer gorda entro por la puerta como si tuviera mucha prisa.
—Que vienes por el trabajo, ¿no es así? —Dijo la mujer gorda con aire prepotente.
—Sí, así es. —Contesto Jonás un poco intimidado.
—Bien, espera un momento aquí.
La mujer gorda se alejo cerrando la puerta violentamente.
Jonás se quedo esperando…otra vez. Todo era una tonta espera. Esperabas para entrar al cine, para comprar comida en el supermercado, para tener algo de acción en tu vida, esperabas que te dieran ganas de ir a cagar y mientras cagabas esperabas que después de jalarle a la cadena los problemas desaparecieran. El mundo esperaba algo grande, todos lo esperábamos. El papel de baño a veces no era suficiente para poder limpiarse el culo —pensó Jonás en una de sus divagaciones bizarras—
Esta vez la espera no fue tan larga y la mujer gorda regreso rápido.
—Ok. Pasa a la oficina. —Dijo la mujer gorda con prisa.
—Bien.
A la puerta de la oficina la mujer gorda hizo un gesto con su nariz y movió la cabeza servilmente a la gran ejecutiva gerente exitosa que posaba su culo graciosamente en la silla de piel giratoria.
Al entrar Jonás vio a la gran ejecutiva gerente exitosa sentada detrás del escritorio y tecleando como si algo importante estuviera a punto de ser mandado de esa computadora. Dirigió una mirada a Jonás y haciendo entender que el la hacía perder tiempo le dijo que se sentara.
—Hemos hecho una llamada y nos han confirmado que trabajarás con nosotros.
—Si, a eso he venido.
—Bueno mira, necesito copia de tu identificación y el gafete que te dieron en la agencia de empleo.
—Pero en la agencia de empleo me dijeron que con estos dos papeles todo estaba arreglado. —Dijo Jonás ya un poco irritado.
Jonás abrió su mochila y saco un par de hojas con la basura burocrática correspondiente. Mientras la señora oficinista examinaba los documentos. Jonás se dio cuenta que ella tenía una gran verruga arriba de su labio que parecía un planeta minúsculo que al principio de la existencia choco con la cara de esa horrible mujer. Tal vez la mujer le haya puesto un nombre a su verruga, a la mejor la llamo Vera, o Jenna—pensó Jonás—.
—Parece que todo está en orden. —Dijo cara de verruga.
—Perfecto, ¿en qué parte trabajare?
La verruga gigante levanto el culo de su cómoda silla de oficinista y antes de dar un segundo paso miro a Jonás de arriba abajo y noto que no todo estaba en orden.......Continuara.....
Asi que....¿la peste te atrajo hasta aquí?
Somos George y Yasser.
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