viernes, 29 de enero de 2010

Un día de trabajo Parte 2

......... no todo estaba en orden.

—Oye ¿Qué pasa?, no tienes el uniforme. ¿Qué no te dijeron que era obligatorio? .El uniforme es parte importante de la imagen que los empleados dan a la empresa.

Jonás sintió, que como siempre, la mala suerte venia a patearle la cara.

—Disculpe, pero no he conseguido el pantalón y la camisa. Pero puedo conseguirlo para la próxima semana, total que es un trabajo de fin de semana. Además esperaba que fueran compresivos de mi situación. —Dijo Jonás con aire despreocupado

—Hhmmm —gruño verruga sangrante e hizo un gesto de filosofar mientras disimuladamente se rasco el culo con la orilla del escritorio.

La mujer se recargo en su escritorio y lanzo a Jonás una mirada de desdén que lo hizo sentirse una mierda de perro en el zapato de un ejecutivo.

—No te puedo dejar pasar si no tienes el uniforme puesto, es parte de la ¡POLITICA DE LA EMPRESA!

Jonás, con su poca paciencia e irritado por la actitud de aquella mujer prepotente cancerosa de la cara , esbozó su sonrisa mas cínica en el rostro y miro directamente a los ojos a la mujer, tal vez solo quiso disimular para ver más detenidamente la verruga y examinar como había llegado ahí.

—Pues…. —Jonás vacilo un poco—me parece una política muy estúpida. No creo que yo me vea tan mal vestido. Esta es mi mejor ropa. ¡Maldita Sea!

Después que Jonás escupió su maldición algo dentro de la ejecutiva gerente exitosa cara de verruga se tambaleo. Tal vez era que estaba acostumbrada a no recibir replicas de sus empleados, o en el libro de procedimientos no había un protocolo para tratar con mierdas como Jonás.

—Mira, no te pedí que cuestionaras la política de mi empresa. —Replico con la voz quebrada la verruga—. Ahora la jefa de la tribu estaba en problemas. Tenía que salir de esa por su propia cuenta y demostrar que era fuerte, o si no sería comida viva por caníbales, el plan maestro de la malvada empresa fallaba, alguien cuestionaba la política.

—Bien. ¿Sabe qué?, usted, los dueños de la empresa, y la mujer gorila…—Jonás midió sus palabras y solamente articulo la encantadora:

—¡¡QUE LES DEN POR EL CULO!! Hijos de puta.

Verruga gigante sabía que estaba vencida y humillada, todo en su propio campo de batalla. Era lo peor que pudo haber pasado; un fracasado aspirante a empleado general los había mandado a que les dieran por el culo. La mujer se quedo sin palabras por un momento e inexplicablemente tenía ganas de llorar, sin embargo se contuvo y con aire de autosuficiencia propia de un líder dijo a Jonás.

—Bien, si gustas mañana puedes venir a trabajar. Pero eso sí, CON EL UNIFORME. Además hare de cuenta que no escuche eso ultimo, ¿eh? —Verruga dijo esto también con aire de perdonavidas.

—Está bien, estaré puntual con el uniforme. Es más, llegare una hora más temprano y me iré una hora más tarde sin paga solo para satisfacer su política. ¿Está bien? —Dijo Jonás sarcásticamente. En ese momento Jonás quiso tirarse un pedo solo por joder pero no pudo. Decidió que era hora de marcharse al mundo de los desempleados.

Al salir de ese lugar gris y húmedo; después de unos pasos, Jonás se sintió libre. Y allá iba el hombre de un centavo caminando con zapatos dos números menor que los que debían ser, un pantalón raido y una camisa empapada en sudor que apestaba a sobaco. El cielo era azul, un azul muy templado, hermoso. Había una brisa fresca y el olor de los árboles del parque Kabah se había mezclado con el aire de la mañana haciendo buena atmosfera. Jonás pertenecía a la naturaleza, y eso lo hacía feliz. De lejos parecía triste y solitario. Un nómada, debió pensar aquella anciana a la que le compro el periódico mientras caminaba hacia su casa. Jonás iba con el periódico de empleos debajo del brazo y no había ninguno para él. Decidió seguir caminando y al rato llego a su casa.

Al llegar descubrió una miada de perro en el centro de su sala. Todos en casa habían tenido un mal día. Jonás sintió hambre y comenzó a preparar el desayuno. Huevos con jamón. Solo faltaba el café pero no había dinero para comprar; a veces la libertad era una taza de café, y, la libertad costaba mucho. Después de desayunar Jonás comenzó a desvestirse hasta quedar completamente desnudo. Su barriga estaba comenzando a crecer. También noto que su cuerpo empezaba a envejecer y a ponerse flácido. No había marcha atrás. Necesitaba una cerveza. Abrió la lata y la dejo al lado de la computadora. Fue al baño y se lavo la cara. Luego se seco y regreso a su cuarto, tomo la lata y bebió un largo trago refrescante. Delicioso. Jonás prendió la computadora y dio otro trago mientras se rascaba un huevo y luego comenzó a escribir: “Una vez había un tipo sentado solo en su departamento....”

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