viernes, 28 de mayo de 2010

Mosquitos,una banqueta y muchas ganas de joder

Estaba sentado en una banqueta pensando en ideas y echando a andar la imaginación mientras le veía el culo a una adolescente que vivía en el primer piso del edificio. En los últimos días no había tenido mucho de que escribir, o más bien, en los últimos meses. Estaba atorado con una novela que no me convencía del todo y seguía pensando que mis relatos eran una porquería. Quería escribir cosas con sustancia, con significado, pero nada mas no encontraba nada de inspiración, me deprimía mucho por esta situación y es que mi vida era malditamente monótona en esos tiempos; iba a la universidad y a trabajar, esa mierda me absorbía todo mi día y en la noche estaba tan jodido que prefería acostarme a pensar que no tenía ni una mierda de tiempo libre. Me levante y comencé a buscar el encendedor en mi pantalón mientras de reojo veía las piernas de mi vecina, de repente de entre mis muslos se comenzaba a sentir una hinchazón mientras que mi mente se descontrolaba por querer tocar esas piernas y tener sus pantorrillas arriba de mis hombros hasta hacerla entrar en razón de que el sexo es solo sexo y el amor es una pantalla semitransparente donde te juegas la vida a terminar con un monstruo o un milagro. Hacía mucho calor y el polvo se me pegaba a la cara, había mosquitos, muchos mosquitos, los hijos de puta volaban alrededor mío y me encabronada jodidamente, asi que prendí un cigarro y los mosquitos se alejaron. Hacía mucho que no me tomaba un tiempo para mi mismo de esa forma, eso de estar solo y pensar me gustaba mucho y lo disfrutaba condenadamente mientras seguía viendo aquellas pantorrillas y muslos mecanizando en mi cerebro una historia donde yo fuera el personaje secundario y mi alter ego el principal, si, era una buena idea y tenía que escribirla pronto, pero dejar de mirar esas piernas suponía que se acabarían mis chaquetas mentales por el momento, carajo,decisión difícil mas no complicada, decidí subir al departamento a escribir.

Ya hacía más de un año que estaba viviendo solo con mi perro en un departamento donde antes vivía toda mi familia. Era un lugar un poco sucio y apestoso pero estaba bien, los vecinos no eran de esos hijos de puta que quieren ser amigables sino que simplemente andaban por ahí como moscas entrando y saliendo de sus departamentos pretendiendo que todo estaba bien, ya saben “disfrutaban su vida” y mientras yo era el culero amargado que no le hablaba a nadie y que solo le daba los buenos días a dos señoras que me trataban bien (o sea que no me veían feo).
Bien, comencé a escribir mi relato que trataba de un par de drogadictos que solían salir por las noches a recolectar latas de refresco y cerveza para coleccionarlas, drogadictos…me faltaba algo mas, algo que los hiciera más interesantes, hoy en día los drogadictos son tan comunes que puedes estar bebiendo con uno mientras está bien colocado. Está bien, tengo mis drogadictos y debo hacerlos interesantes. Comencé a escribir:

─Mierda, son las 7:40 Roch, tenemos que largarnos a buscar lo de siempre, sabes que necesitamos esas putas latas. ─Dijo agitado Vazz. ─
Roch era un tipo más o menos alto con ojos saltones y labios demasiado irregulares como para ser humano, tenía un peinado que lo hacía lucir soberbiamente idiota y a la vez muy común, le gustaba escuchar música electrónica y solía fumar marihuana solo porque creía que era cool y le daba una nueva dimensión a la vida y a su podrida música. En resumidas palabras era un pendejo rebeldioso.
─Bien, espera, no tardo, debo retocarme. Sabes que no me gusta salir sin estar bien arreglado─Dijo Roch con ansias mientras escupía saliva combinada con pasta dental y pequeños hilillos de sangre al piso. Vazz lo miro asqueado sabiendo que Roch era un mierda despreciable, pero él seguía ahí por alguna extraña razón.

Un rato después salieron como siempre con sus costales vacios esperando regresar con un buen cargamento de ese buen aluminio brillante. Tal vez encontraran algo de dinero y colillas de cigarro.
Vivian en una vieja casa que les rentaba una viuda cuyo esposo había sido un restaurantero muy famoso hasta que lo asesinaron por no querer vender droga en sus locales.
─Doña Berenice─le decían─ denos dos semanas más para pagarle la renta, usted sabe que no podemos encontrar trabajo porque la situación del país es difícil. Por favor, sabe que somos buenos inquilinos.
Ellos sabían que era mentira.
─Bien bien, pero si en dos semanas no pagan la renta tendré que pedirles que desocupen. Hay otro par de buenos muchachos que están interesados en rentar y no dudare en aceptar el trato que me ofrecen, así que ya saben.

Para este momento se me habían terminado los cigarros y me había dado hambre. Era peligroso largarme a satisfacer la panza mientras estaba teniendo muchas ideas para los drogadictos, así que decidí ir a comer. Al regresar toda la puta inspiración se había ido muy a la mierda y me quede en blanco.

Comencé a beber de nuevo para recargar la inspiración y terminar este asunto que me tenia loco desde hacia bastantes noches. Pronto se me ocurrió una idea. Decidí cambiar mi historia de los drogadictos por una de una niña que vivía sola debajo de un puente y que fantaseaba con calles de colores con pasto verde y pequeños insectos fluorescentes que eran amigos de ella. Si si, lo tenía. Todo parecía ir en buena dirección. Conocía a la perfección mi forma de escribir, era muy irregular y yo lo sabía condenadamente, era una buena forma de escribir.